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Turismo Córdoba | Escapada |

Ni Miramar ni Mar Chiquita: el pueblo escondido de Córdoba al borde de un mágico río

A orillas de un hermoso río de Córdoba y rodeado de paisajes serranos, se encuentra un maravilloso destino que invita a una escapada de descanso.

Muchos viajeros eligen las playas de Miramar o los paisajes de La Falda para disfrutar de la naturaleza en Córdoba. Sin embargo, a pocos kilómetros de Tanti, Villa Flor Serrana ofrece una alternativa diferente, con un entorno sereno, aguas cristalinas y un contacto genuino con la tranquilidad serrana, ideal para una escapada de fin de semana.

El ingreso a Villa Flor Serrana está marcado por carteles que guían hacia la Reserva Natural. A pocos metros, una bajada conduce al río Los Chorrillos, donde un vado permite cruzarlo. Siguiendo su cauce, se encuentra un diquecito que forma una piscina natural ideal para refrescarse en verano.

Qué ver y hacer en Villa Flor Serrano en familia

Un sendero bien delimitado acompaña el recorrido del río y ofrece diversas postales naturales. Mientras en algunos sectores el agua fluye suavemente entre las piedras, en otros se forman cascadas y ollas naturales, perfectas para nadar. Un puente de hierro conecta las pocas viviendas del lugar, muchas de ellas casas de veraneo y algunas cabañas de alquiler.

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En Villa Flor Serrano hay zonas donde el agua rodean piedra que son perfectas para disfrutar.  

En Villa Flor Serrano hay zonas donde el agua rodean piedra que son perfectas para disfrutar.

El camino sigue y se interna en pequeños bosques, con trepadas entre rocas que agregan un toque de aventura. La calma del entorno permite disfrutar sin grandes aglomeraciones, convirtiéndolo en un refugio ideal para quienes buscan desconectarse del ruido.

La gran cascada, el tesoro de la Reserva Natural

Al regresar hacia el punto de inicio de la caminata, otro sendero desciende al río, formando una laguna serena. A pocos metros, el estruendo del agua anticipa la gran cascada de la Reserva Natural. El salto atraviesa un pasadizo natural entre rocas, desembocando en una olla donde algunos visitantes se sumergen una y otra vez.

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Desde el costado, se accede a un mirador con vistas privilegiadas de la caída de agua. Allí, la escena combina la diversión de quienes se lanzan desde las piedras con la tranquilidad de quienes disfrutan de un mate a la orilla del río.