Hoy, con 24 años, tiene su propia pastelería, paga sueldos, planifica las inversiones en maquinaria e infraestructura, atiende a proveedores, se capacita y está trabajando junto a su socio en la apertura de un nuevo local en Pergamino.
De fondo, una virtuosa estrategia de marketing no planificada. Una creatividad espontánea que surge entre cientos de medialunas, risas y charlas con quiénes la acompañan día a día en el negocio: su abuela -de quién heredó el amor por la pastelería-, su mamá –que la ayuda a cumplir su sueño desde el día uno– y dos grandes amigos que aprendieron el know how en muy poco tiempo y a quiénes podría delegar el manejo completo del negocio.
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Juana Urteaga pasó de vender chocotorta en el garaje de su casa a abrir su segunda sucursal.
En definitiva, su entorno, el que hace posible que ella sea quien es, el que cata los productos antes que nadie, el que la alienta, trabaja los feriados, atiende las mesas, corre de lugar los muebles del negocio y hasta protagoniza los divertidos videos que suben en la cuenta oficial de Instagram de La Juana.
“Yo arranqué vendiendo bandejitas de chocotorta porque necesitaba la plata para mis gastos. La gente a la noche tenía antojo de algo dulce, me mandaba un mensajito y yo repartía las porciones de chocotorta. Después me empezaron a pedir lemon pie, tarta Toffee y así me empecé a hacer conocida en el pueblo. Como me gustaba, me salía bien y me dejaba una ganancia importante, me empecé a capacitar. Hice cursos de tortas decoradas, de cookies y de otros productos, tanto de manera presencial, en San Nicolás o en Buenos Aires como virtual. Cuando terminé el secundario me mudé a Buenos Aires y estudié con Osvaldo Gross”, cuenta a este medio Juana Urteaga.
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Un día, con el título de pastelera bajo el brazo, Juana volvió y abrió su take away de café y cosas dulces en Conesa. Lo hizo en plena pandemia, pero ni el barbijo ni el distanciamiento social desalentaron su deseo de emprender ni las ganas de todo el pueblo de probar cada tarde las delicias que Juana preparaba y que despachaba a través de una ventanita a la calle. Y porque cuando uno emprende no lo hace solo, pudo montar ese pequeño local con la ayuda de sus familiares y amigos que le prestaron plata, le habilitaron la compra en cuotas con tarjetas de crédito, hicieron y colocaron carteles, mesadas y ventanas, pero también con los comerciantes del pueblo que le regalaron balanzas y maquinaria en desuso y todavía la ayudan si necesita algo.
Como era de esperar, ese local quedó chico y se mudó a uno más grande sobre la ruta nacional 188, paso obligado para quiénes van a Pergamino, San Nicolás y Rosario. Un local que está siempre lleno, dónde hoy se realiza toda la producción, se sirve el té y se graban los graciosos videos que luego se suben a Instagram.
Hecho como en casa, pero sin lavar los platos
Juana es la capitana del barco, la de las manos en la masa, la de las ideas innovadoras, la que se aburre si hace dos días seguidos lo mismo y la que apuesta.
Por estos días, se encuentra trabajando a destajo para abrir su segundo local, motivo por el cual, dentro de muy poco, comenzará a dividirse entre su pastelería de origen en Conesa y su nueva apuesta gastronómica, esta vez, en la localidad de Pergamino.
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Juana Urteaga pasó de vender chocotorta en el garaje de su casa a abrir su segunda sucursal.
“Cuando decidí abrir en Pergamino supe que teníamos que cambiar nuestra imagen porque yo crecí, La Juana también y es momento de profesionalizar esto que vengo haciendo desde el 2016. Mi marca es un espacio donde siempre se va a destacar lo artesanal, pero con una mirada fresca y que a la vez te permite encontrar sabores que evocan recuerdos, como si siempre estuvieras volviendo a casa. Como una abuela que te dice “comete otro pedacito”, señala la emprendedora.
La reina del cheesecake
Juana dice que nunca tiene certezas de si un producto la “va a romper” porque todo se trata de “pura intuición y creatividad”. Lo que sí sabe con seguridad es que su producto estrella es el cheesecake de pistachos y chocolate blanco, una receta que diseñaron con sus amigos, a esta altura pasteleros y también tiktokers.
“Por el boca en boca que se produjo cuando comencé a hacer mis tortas, me apodaron en la zona la reina del cheesecake y lo sigo siendo, solo que antes hacíamos el de frutos rojos y ahora hacemos un cheesecake de chocolate blanco que tiene pistachos en la mezcla y una mermelada de frambuesa casera que es el que más se vende porque es una delicia”, cuenta Juana Urteaga.
En el nuevo local el público va a poder conseguir los infaltables clásicos como medialunas y bizcochitos de manteca, pero también rolls de canela, cheese cake de pistachos, cookies, budines, alfajores, torta Red Velvet, pavlova, cremonas y muchos más productos iguales a los que pueden encontrarse en las vitrinas de las pastelerías más icónicas de Buenos Aires.
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Juana Urteaga pasó de vender chocotorta en el garaje de su casa a abrir su segunda sucursal.
Dice Juana que el mejor pastelero de Argentina es Damián Betular de quién admira la estética con la que montó su negocio y de quién quiere ser “amiga personal”. Mientras tanto, apura la nueva partida de su vajilla personalizada en la que sirve el café todas las tardes y ultima detalles en su local de Conesa desde donde va a salir toda la producción para la nueva apuesta en Pergamino.
“Nuestra pastelería no es simplemente un lugar de trabajo, nosotros somos amigos y además está mi familia: mi mamá y mi abuela atienden las mesas y están detrás del mostrador. La gente viene a merendar y percibe la buena energía y el ambiente familiar que hay detrás de todo esto. Si vos entrás a la pastelería ves un grupo de personas pasándola bien y grabando reels para promocionar la pastelería en redes. Nuestra propuesta es que pases un momento lindo en un lugar acogedor, comiendo algo dulce, hecho con la mejor materia prima, mucho amor y, sobre todo, ¡como si estuvieras en tu casa, pero sin lavar los platos!”, finaliza Juana Urteaga.